Desde la primera vez que corrí 21 kms (estoy casi seguro de que fue en 2007), supe que esa sería mi distancia favorita para participar en carreras. Aunque la maratón (distancia que hasta ahora he corrido 3 veces) es la experiencia que suele llevarse toda la atención y todas las reflexiones (no sin justicia, he de decir), es el medio maratón la competencia que más suelo disfrutar. Me acomoda muy bien y siempre la he corrido en un tiempo aceptable, sin necesidad de mucho entrenamiento ni esfuerzo. Esta vez, el 3 de septiembre de 2012, no fue la excepción.
Los corredores siempre decimos aquello de que "cada carrera es única" o que "cada carrera es especial". Ello ocurre debido a que el momento de la vida en el que nos encontramos al participar en una carrera, es distinto al momento de participar en cualquier otra carrera. Cambia la estación del año, cambia la ruta, cambia la ciudad en la que corremos (aún cuando se trate de la misma ciudad), cambia, también, nuestra condición física, mental y emocional. De tal modo, la combinación única de estos factores hace de cada competencia, algo único. En esta ocasión, mi asunto especial era que no había corrido ninguna distancia larga en más de un año debido al nacimiento de mi hijo Nicolás. Mejor dicho, debido a la gestación de Nicolas. Fue durante el embarazo de Alina, mi mujer, cuando, por primera vez desde que comencé a correr, dejé de hacerlo habitualmente. Sin duda mi interés estaba en otro lado y no en la carrera. Prepararse para la llegada de un bebé demanda tiempo y esfuerzo. No todo son emociones alegres y de bienestar, también hay tensión y preocupaciones. Entre otras cosas, hay que habituar espacios físicos y mentales, y hay que re-adaptar dinámicas de pareja, familiares y de amistades. Físicamente me sentía cansado y, por primera vez, muy poco dispuesto y motivado para ir a correr. Recuerdo que dormí muchísimo durante el embarazo de mi mujer debido, en parte, a la advertencia común de que ya no se duerme igual de bien nunca más en la vida, una vez llegados los hijos. No paso así para nosotros, afortunadamente. Nuestro hijo durmió 6 y 7 horas seguidas tan pronto como pasó la cuarentena y nosotros hemos vuelto a dormir, por lo regular, igual de bien que antes. En fin, que volviendo a lo de correr, cada vez corrí menos y, para cuando nació el bebé, definitivamente había dejado de hacerlo y había perdido toda condición. A finales del embarazo estaba practicando un poco de yoga (otra celosa disciplina que el cuerpo olvida con facilidad), pero a la llegada del bebé ya no hice nada. No podía, y, desde luego, no me importó en lo absoluto.
Pasados los primeros 2 o 3 meses empezamos a estar mucho más tranquilos y contentos y sentí de nuevo la motivación para ir a correr de vez en cuando. Tuve que superar la frustración de ver y sentir mi cuerpo fuera de condición. Hubo un día en que, imprudentemente, corrí 7 kms y el resultado fue un nudo muscular en mi muslo izquierdo, situación que me obligó a asumir que tenía que empezar de ceros, nuevamente, y desde ahí ir mejorando poco a poco. Y eso hice. Practiqué bicicleta fija varios días a la semana y esperé a que el nudo muscular se deshiciera del todo. Luego comencé a correr de a poco, suave y sin prisas. Al paso de un par de meses ya había retomado cierta condición muscular y cardiovascular, pero estaba lejos de tener el nivel físico necesario para participar en un medio maratón, lo cual me causaba pesar y algo de frustración. Sentía nostalgia por los tiempos en los que podía correr más de 12 kms cada domingo, aún sin estar entrenando para una carrera. Sentía también enojo conmigo mismo por no esforzarme más en buscar tiempo para correr (pero levantarme demasiado temprano nunca ha sido lo mío). Sentía, en concreto, que mi relación con el hecho de correr estaba siendo bastante insatisfactoria. Sentía eso que llaman runner's blue. El medio maratón del Día del Padre, que había corrido cada año durante 5 años, esta vez no lo corrí. Irónico, siendo que este año me estrené como padre. No obstante, tomé todo ese asunto con calma y pensé que en agosto o septiembre podría estar listo para el maratón de la ciudad de México, o al menos para el medio maratón.
Elegí el medio maratón porque, evidentemente, no tenía (y sigo sin tener) el tiempo necesario para el entrenamiento de maratón. Trabajo 10 horas al día y entre mayo y julio presenté los exámenes para acreditar mi licenciatura. Además, claro, de que la vida en casa demanda mucho tiempo, mismo que entrego con verdadero gusto. Ver crecer a un bebé es algo maravilloso y es algo que no se repite. Hay que estar ahí y dedicar el tiempo necesario para disfrutarlo.
Por todo esto, el medio maratón que acabo de correr fue especial. No entrené demasiado y la única carrera larga que hice fue de unos 18 kms, una semana antes del medio maratón. Pero eso fue suficiente para sentir confianza y entusiasmo. Comprobé que mis músculos estaban recuperados y fuertes. Sentí, de nuevo, la fortaleza emocional para aguantar la distancia y sentí, también, las ganas de competir, las ganas de correr. Ocurre también que he corrido esa misma ruta muchas veces, y me parece realmente estupenda. Algo que disfruto muchísimo es atestiguar los cambios que, entre una carrera y otra, ha sufrido la geografía urbana. Una ciudad como la nuestra está en constate cambio y ello es más notorio en avenidas de gran afluencia y peso económico y social, justo como algunas de las que recorren el maratón y el medio maratón. Avenida Juárez e Insurgentes son las que nunca dejarán de sorprenderme ¡todo el tiempo están cambiando!
Llegué muy emocionado a la carrera y también muy tarde. Por tanto, me tocó avanzar los primeros kilómetros en la parte apretada del contingente. Eso se resolvió tan pronto como nos incorporamos a Revolución. Como las anteriores veces, sentí que el regreso por Insurgentes era también apretado y caluroso. Además nos tocó una mañana bastante despejada. Cuando ya íbamos por Reforma en dirección a Avenida Juárez me pareció que el sol era implacable, y sentí preocupación por los corredores de maratón que en esos momentos se estuvieran enfrentando, bajo esas condiciones, a los kilómetros más difíciles. Recordé mi propia experiencia corriendo maratón y, en efecto, el calor ya cercano a las 11 del día no ayuda nada cuando tu cuerpo trae atrás 3 horas de esfuerzo constante. Justo a esa altura conversé un poco con otro corredor (me gusta mucho intercambiar impresiones, hacer algunas preguntas y al final participar de frases mutuas de buenos ánimos) quien, en algún momento, me dijo "tú te ves muy fresco". Entonces tuve motivación suficiente para apretar el paso desde ahí hasta la meta (los últimos 3 kilómetros, quizá).
Terminé la carrera en 1:45:08. Es un tiempo que se encuentra 5 minutos lejos de mi mejor marca, pero considerando las condiciones, me parece que fue lo suficientemente bueno para sentirme satisfecho. Principalmente, logré sentir mi regreso oficial a correr, y el runner's blue se desvaneció por completo. Corrí a un paso de 4:58 por minuto, un paso en el que, si bien, el esfuerzo está presente y es constante, aún se encuentra dentro de lo cómodo. A ese paso he corrido casi siempre desde que comencé a correr, hace 6 años.
Este momento de mi vida en el que dedicar tiempo a la carrera larga es realmente complicado (y es que, en verdad, quiero estar con mi mujer y viendo crecer a nuestro bebé), sea quizá el más adecuado para trabajar en mejorar mis tiempos para las carreras de 10 y 21 kms. Quizá es momento de salir de mi zona de confort y bajar esos 4:58 por minuto. Quizá es momento de llevar mi esfuerzo a otro nivel. Me encantaría correr medio maratón en menos de 1:39:00. En octubre correré de nuevo 21 kms dentro del Maratón de la Riviera Maya (de pasada Alina, Nicolás y yo pasaremos unos días en Playa del Carmen, disfrutando de nuestras primeras vacaciones). Quiero pensar que esa será la carrera en la cual romperé mi marca y haré mi mejor tiempo para Medio Maratón.Creo que lo dije al inicio pero vale la pena repetirlo: me encanta correr medio maratón.
Aquí se encuentra mi Reconocimiento de Participación
martes, 18 de septiembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
Un par de conferencias sobre el bienestar económico.
Menos es más. Suena a frase facilona, reduccionista y simplista. De esas que nos molesta escuchar, pero quizá es cierta. Cada día hay más datos que confirman lo que al sentido común le parece obvio (no así a ciertas ideas de nuestra insana cultura), vivir ligero es mejor, lo simple es preferible a lo complicado, la mesura y no el exceso nos facilita más la vida y compartir es bueno para todos, individuos y sociedades.
Llevamos muchas décadas pensando que entre más dinero y bienes materiales tengamos, más felices seremos. De acuerdo a esta lógica de pensamiento, el poder económico se ha convertido, equivocadamente, en la medida absoluta del bienestar. Hoy sabemos que la gente se declara tanto o más infeliz que hace 50 años, cuando había muchas menos riqueza que ahora. Sabemos, también, que hay más violencia, desigualdad, enfermedades causadas por estrés y malos hábitos, suicidios, homicidios y más delitos que nunca antes. ¿Porqué?
Este video del economista Richard Wilkinson demuestra y confirma, con datos duros y fidedignos, que no hay relación entre la riqueza total de un país y la calidad de vida de sus ciudadanos, comparando la riqueza entre países. Es decir, que países más pobres que otros, cuentan con menores tasas de homicidios, enfermedades relacionadas con el estrés y delitos. Es decir, que vivir en un país rico no asegura que sus ciudadanos tenga mejor calidad de vida que los ciudadanos de un país menos rico. En concreto, USA es el país más rico del mundo, pero también el que presenta los índices más altos de los fenómenos negativos ya mencionados. ¿A qué se debe?. A la desigualdad económica.
La desigualdad económica disminuye el bienestar y crea problemas no sólo para los miembros pobres de la sociedad en cuestión, sino también para los miembros ricos, para la sociedad en su conjunto. A mayor desigualdad, mayor estrés hay en sus ciudadanos y mayor, también, es la competencia selvática, la inseguridad, el miedo, la frustración, la violencia y las enfermedades. Lo que las sociedades democráticas necesitan ya no es generar más riqueza, sino distribuirla mejor. Hace falta que no sólo unos pocos, sino que todos los ciudadanos tengan una vida digna, con oportunidades y más igualitaria para reducir los problemas generales de una nación. Yo no logro, aquí, resumir adecuadamente la teoría. Sugiero ver el video y no sólo una vez, porque en verdad es maravilloso.
Richard Wilkinson. Cómo la desigualdad económica perjudica sociedades
Por otro lado, y para desmentir un poco la idea de que a mayor riqueza personal, mayor bienestar se obtiene, el psicólogo norteamericano Barry Schartz ha desarrollado la teoría de que contar con demasiadas opciones para elegir, reduce nuestras posibilidades de obtener bienestar. A esta teoría le llama "la paradoja de la elección". Él explica algo así como "si vamos al supermercado y no encontramos mas que una solo aderezo de ensalada, nos sentiremos frustrados. Contar con más opciones es mejor que contar que con una sola. PERO (y aquí está lo interesante de la teoría), contar con demasiadas opciones complica la decisión de compra y, al final, el resultado es de frustración. Tener que decidir entre numerosas opciones es estresante, cansado, requiere más tiempo y al final siempre habrá dudas respecto a si se tomó la decisión más adecuada". Desde luego, la elección de un aderezo de ensalada no es relevante para la vida, pero la misma paradoja se aplica para situaciones de mucho mayor trascendencia. También es cierto que todas las paradojas de elección, pequeñas y grandes, colaboran al estado general de insatisfacción
Barry Schwartz. La paradoja de la elección.
Paradójico: mayor riqueza de una nación no asegura mayor bienestar para sus ciudadanos y, por otro lado, la abundancia no nos hace más felices, por el contrario, nos puede crear molestias y frustraciones. Cada vez es más claro que hace falta un cambio de paradigma para mejorar la calidad de vida de las personas y sociedades. Tenemos que dejar de pensar en que la abundancia es la solución, porque ya está demostrado que no lo es. Hace falta vivir con más mesura, de forma más simple e igualitaria. Insisto, parece que las ideas expuestas en estos videos son obviedades (y tal vez sí lo son). pero ocurre que el mundo vive regido por otras ideas. Ideas que no están llevando a la humanidad hacia un mayor bienestar, sino, al parecer, a uno menor. Ojalá que pronto entendamos y cambiemos.
Llevamos muchas décadas pensando que entre más dinero y bienes materiales tengamos, más felices seremos. De acuerdo a esta lógica de pensamiento, el poder económico se ha convertido, equivocadamente, en la medida absoluta del bienestar. Hoy sabemos que la gente se declara tanto o más infeliz que hace 50 años, cuando había muchas menos riqueza que ahora. Sabemos, también, que hay más violencia, desigualdad, enfermedades causadas por estrés y malos hábitos, suicidios, homicidios y más delitos que nunca antes. ¿Porqué?
Este video del economista Richard Wilkinson demuestra y confirma, con datos duros y fidedignos, que no hay relación entre la riqueza total de un país y la calidad de vida de sus ciudadanos, comparando la riqueza entre países. Es decir, que países más pobres que otros, cuentan con menores tasas de homicidios, enfermedades relacionadas con el estrés y delitos. Es decir, que vivir en un país rico no asegura que sus ciudadanos tenga mejor calidad de vida que los ciudadanos de un país menos rico. En concreto, USA es el país más rico del mundo, pero también el que presenta los índices más altos de los fenómenos negativos ya mencionados. ¿A qué se debe?. A la desigualdad económica.
La desigualdad económica disminuye el bienestar y crea problemas no sólo para los miembros pobres de la sociedad en cuestión, sino también para los miembros ricos, para la sociedad en su conjunto. A mayor desigualdad, mayor estrés hay en sus ciudadanos y mayor, también, es la competencia selvática, la inseguridad, el miedo, la frustración, la violencia y las enfermedades. Lo que las sociedades democráticas necesitan ya no es generar más riqueza, sino distribuirla mejor. Hace falta que no sólo unos pocos, sino que todos los ciudadanos tengan una vida digna, con oportunidades y más igualitaria para reducir los problemas generales de una nación. Yo no logro, aquí, resumir adecuadamente la teoría. Sugiero ver el video y no sólo una vez, porque en verdad es maravilloso.
Richard Wilkinson. Cómo la desigualdad económica perjudica sociedades
Por otro lado, y para desmentir un poco la idea de que a mayor riqueza personal, mayor bienestar se obtiene, el psicólogo norteamericano Barry Schartz ha desarrollado la teoría de que contar con demasiadas opciones para elegir, reduce nuestras posibilidades de obtener bienestar. A esta teoría le llama "la paradoja de la elección". Él explica algo así como "si vamos al supermercado y no encontramos mas que una solo aderezo de ensalada, nos sentiremos frustrados. Contar con más opciones es mejor que contar que con una sola. PERO (y aquí está lo interesante de la teoría), contar con demasiadas opciones complica la decisión de compra y, al final, el resultado es de frustración. Tener que decidir entre numerosas opciones es estresante, cansado, requiere más tiempo y al final siempre habrá dudas respecto a si se tomó la decisión más adecuada". Desde luego, la elección de un aderezo de ensalada no es relevante para la vida, pero la misma paradoja se aplica para situaciones de mucho mayor trascendencia. También es cierto que todas las paradojas de elección, pequeñas y grandes, colaboran al estado general de insatisfacción
Barry Schwartz. La paradoja de la elección.
Paradójico: mayor riqueza de una nación no asegura mayor bienestar para sus ciudadanos y, por otro lado, la abundancia no nos hace más felices, por el contrario, nos puede crear molestias y frustraciones. Cada vez es más claro que hace falta un cambio de paradigma para mejorar la calidad de vida de las personas y sociedades. Tenemos que dejar de pensar en que la abundancia es la solución, porque ya está demostrado que no lo es. Hace falta vivir con más mesura, de forma más simple e igualitaria. Insisto, parece que las ideas expuestas en estos videos son obviedades (y tal vez sí lo son). pero ocurre que el mundo vive regido por otras ideas. Ideas que no están llevando a la humanidad hacia un mayor bienestar, sino, al parecer, a uno menor. Ojalá que pronto entendamos y cambiemos.
miércoles, 29 de agosto de 2012
¿Y el niño?. Crece y crece.
La visita a la pediatra es uno de nuestros ritos favoritos de cada mes. Al menos a mi me causa emoción cada que la fecha se acerca; ya quiero saber cuánto pesa y cuanto mide esta vez Nicolás y quiero saber, también, si mis pronósticos son o no atinados. Por otro lado, la visita pediátrica permite aclarar dudas y confirmar que todo va bien.
Me encanta cuando ya se acerca la fecha de visitar a Mónica (así se llama la pediatra) porque entonces, ante cualquier duda de mi mujer respecto a Nicolás y su salud puedo de inmediato responder "Ahora que nos toque ir con Mónica le preguntamos", y ya, asunto resuelto.
Me encantan también hacer cuadritos de información, será porque es lo que hago todos los días en el trabajo y ya estoy más que acostumbrado, lo hago con gusto y me emociona (todo me emociona o me encanta ¿se dan cuenta?), por eso hice este cuadrito informativo sobre el desarrollo de Nicolás en estos primeros 5 meses de vida
La primera fecha no es una visita al doctor, sino la fecha en la que nació Nico. A los pocos días Alina lo llevó a la primera consulta y ya había crecido un poquitín en talla.
Luego, prácticamente cada mes (a veces de forma muy puntual) hemos estado ahí en la consulta, charlando un poco y tomando las medidas de peso y talla. Si observamos la variación porcentual en peso, podemos ver que de abril a mayo y luego de mayo a junio hubo un pico importante de aumento de peso. En un sólo mes (de mayo a junio) el bebé subió nada menos que 1,620 gramos. Gracias. Yo recuerdo que me dolían mucho los brazos al cargarlo y también recuerdo que, de pronto, ya no fue posible meterlo en el rebozo para dormirlo. Ya no entró. Así, casi de un día a otro dejó de entrar. Cuando asistimos con Mónica quedamos sorprendidos, incluso ella. Nico había crecido no mucho, sino más bien un chingo. Lo que hizo fue recuperar el peso que no había obtenido en los primeros 2 o 3 meses de vida, y después de eso se estabilizó. Ahora que observo esta tabla, encuentro que el último mes presenta el menor crecimiento en peso (10.6%), pero eso no es necesariamente indica nada. Entiendo que los bebés crecen muchísimo y de forma no siempre regular hasta que cumplen, por lo menos, el año. Entiendo que los hijos y todo lo que pasa con ellos nunca dejará de emocionarnos.
Ahora van unas fotos.
Visita de cuando tenía tres meses cumplidos (23 de junio)
Visita de cuando tenía 4 meses cumplidos (21 de julio)
Visita de hace apenas unos días, el 25 de agosto, con 5 meses cumplidos
Me encanta cuando ya se acerca la fecha de visitar a Mónica (así se llama la pediatra) porque entonces, ante cualquier duda de mi mujer respecto a Nicolás y su salud puedo de inmediato responder "Ahora que nos toque ir con Mónica le preguntamos", y ya, asunto resuelto.
Me encantan también hacer cuadritos de información, será porque es lo que hago todos los días en el trabajo y ya estoy más que acostumbrado, lo hago con gusto y me emociona (todo me emociona o me encanta ¿se dan cuenta?), por eso hice este cuadrito informativo sobre el desarrollo de Nicolás en estos primeros 5 meses de vida
La primera fecha no es una visita al doctor, sino la fecha en la que nació Nico. A los pocos días Alina lo llevó a la primera consulta y ya había crecido un poquitín en talla.
Luego, prácticamente cada mes (a veces de forma muy puntual) hemos estado ahí en la consulta, charlando un poco y tomando las medidas de peso y talla. Si observamos la variación porcentual en peso, podemos ver que de abril a mayo y luego de mayo a junio hubo un pico importante de aumento de peso. En un sólo mes (de mayo a junio) el bebé subió nada menos que 1,620 gramos. Gracias. Yo recuerdo que me dolían mucho los brazos al cargarlo y también recuerdo que, de pronto, ya no fue posible meterlo en el rebozo para dormirlo. Ya no entró. Así, casi de un día a otro dejó de entrar. Cuando asistimos con Mónica quedamos sorprendidos, incluso ella. Nico había crecido no mucho, sino más bien un chingo. Lo que hizo fue recuperar el peso que no había obtenido en los primeros 2 o 3 meses de vida, y después de eso se estabilizó. Ahora que observo esta tabla, encuentro que el último mes presenta el menor crecimiento en peso (10.6%), pero eso no es necesariamente indica nada. Entiendo que los bebés crecen muchísimo y de forma no siempre regular hasta que cumplen, por lo menos, el año. Entiendo que los hijos y todo lo que pasa con ellos nunca dejará de emocionarnos.
Ahora van unas fotos.
Visita de cuando tenía tres meses cumplidos (23 de junio)
Hola, soy Nicolás y tengo una sola ceja
La doctora me causa gracia
La revisión ocular onda Naranja mecánica
Visita de cuando tenía 4 meses cumplidos (21 de julio)
Mucha risa
Niño atento.
El trajecito de león que le regalaron mis papás y que ya no le queda. Bu.
Va p'a arriba.
Me amarraron como puerco para revisarme la boca
Visita de hace apenas unos días, el 25 de agosto, con 5 meses cumplidos
Ah cabrón, me dio frío
Gordito ¿verdad?
¡Ujú!
Es difícil ser bebé
Jugaré con mis vestiduras mientras me revisas
Jajaja, ¿ya ves cómo no tengo nada?
martes, 28 de agosto de 2012
Adiós libros. Hola e-books
El nombre de esta entrada es, desde luego, una exageración. O tal vez no. Tal vez de ahora en adelante, en efecto, me olvidaré de los libros impresos y leeré todo, o casi todo, en formato electrónico o e-book.
Y es que desde hace unos días estoy usando uno de estos chunches llamados e-readers. Este, en específico, se llama TrekStor Pyrus. Según me dicen, es muy parecido al Kindle, de Amazon, con la excepción de que con Kindle sólo puedes adquirir y leer los productos adquiridos en Amazon y este es un lector genérico. Aún no entiendo mucho de estas cosas (y en breve, deberé haberme vuelto un experto), pero la cosa es que leer en este pequeño y ligero dispositivo ha comenzado a gustarme bastante, sobre todo porque la experiencia de la lectura resulta muy amable a la vista. Vaya, no es sólo que muy rápidamente haya superado el conflicto de "traicionar" al libro usando un lector electrónico. Es que en verdad, ahora ya no quisiera volver a comprar un libro impreso, quisiera tener toda mi biblioteca en electrónico y llevarla siempre conmigo. Además aquí se pueden realizar consultas y almacenar muchas más obras de las que se pueden leer en toda una vida. Todo ello sin acumular nada y sin cargar más con el papel y el polvo, ¡sin dañar el medio ambiente!. De pronto, soy el lugar común de los computines.
Pues nada, sí me gusta la experiencia pero habrá que ver si el equipo mantiene el buen uso durante el tiempo requerido, si se pueden almacenar y leer sin problema las obras adquiridas por diferentes vías, si la pila dura lo suficiente, largo etcétera.
Tengo mis dudas, pero bien quisiera yo que estas tecnologías alcanzaran pronto el desarrollo óptimo. Qué mejor que, en serio, no fuera necesario acumular más libros y poder tenerlos todos en este tipo de dispositivos.
Tengo mis dudas, pero bien quisiera yo que estas tecnologías alcanzaran pronto el desarrollo óptimo. Qué mejor que, en serio, no fuera necesario acumular más libros y poder tenerlos todos en este tipo de dispositivos.
lunes, 9 de julio de 2012
Competir
Este fin de semana volví a correr, tanto el sábado como el domingo. Seis kilómetros cada día. Apenas el jueves había corrido la misma distancia. Por tanto, fueron 18 los kilómetros que acumulé en una semana. Son insignificantes si se comparan con los necesarios para un entrenamiento de maratón (yo mismo he corrido 40 y más kilómetros cada semana durante muchas semanas continuas), pero por ahora me hacen sentir que ya estoy de vuelta, que ir a correr es de nuevo una actividad cotidiana. Al parecer mis piernas comienzan a retomar fuerza, y respecto a lo cardiovascular, creo que nunca he perdido del todo la condición. Si me sacudo el sueño y las actividades de la mañana las realizo sin rodeos, puedo correr 4 o hasta 5 días por semana y así estar listo para correr medio maratón el 02 de septiembre.
Mi entusiasmo deportivo estuvo alimentado por los encuentros finales del torneo de Wimbledon. El sábado vi ganar a Serena Williams, quien fue rotundamente más fuerte, más rápida y más decidida que su rival (aunque la chica de Polonia siguió jugando con todo el arrojo). El domingo vi ganar a Roger Federer frente a Andy Murray. He de decir que nunca he sido fan de Roger aunque reconozco que es un estupendo atleta y que cuenta con los rasgos necesarios para ser el número uno indiscutible: determinación, perseverancia, templanza, confianza. No afloja el ritmo cuando va arriba. No se deja intimidar ni diminuye su empeño cuando va abajo. Al contrario, siempre sabe sacar la casta.
Cuando digo que nunca he sido su fan, es porque, a pesar de tantas virtudes lo encuentro falto de pasión, y creo que me gustaría ver, en un atleta de su tamaño, señales de pasión más a menudo. Nadal las tiene siempre, he incluso le sobran. Nadal es físicamente un atleta en mejor forma, pero Federer tiene un temperamento más apto para manejar tanto el fracaso como el éxito. Al escribir esto me doy cuenta de que mi petición es un contrasentido. Quisiera que Federer fuera más temperamental, pero si lo fuera, no sería tan grande ni capaz como es. Perdóname Roger, en la elección de héroes siempre juega un papel más importante lo emocional, y Nadal me cae mucho mejor (y mejor aún me caía Pete Sampras, pero ahora no viene el caso hablar de él)
En fin, que Federer hizo gala de sus habilidades psicológicas y desde luego físicas para ganar 3 sets seguidos, habiendo perdido el primero. Murray hizo su parte (equivocada) para que Federer ganara: se enojó mucho y de verdad el que se enoja, pierde.
Cuando vemos competir a atletas de este nivel, nos damos cuenta de que clave del éxito no está tanto en las habilidades físicas (es condición indispensable que todo jugador esté en las mejores condiciones físicas, eso ya se sabe) sino en las mentales-emocionales. Ya dije que Federer sabe mantener la cordura, el paso y la firmeza aún en los momentos más difíciles. De pronto mientras transcurría el juego, he pensado de nuevo en lo maravilloso que sería contar con una mayor cultura del deporte. Al margen de todos los beneficios físicos que conlleva, el deporte enseña a competir, permite ensayar a manera de juego esas virtudes tan útiles en la vida real. Perseverancia, templanza, resistencia a la frustración, decisión, largo etcétera. Pensando de nuevo en mi afición a correr, encuentro que me ha permitido encontrar y fomentar aspectos de mí más acertados. Por ello extrañaba tanto ir a correr, extrañaba la persona que soy durante y después de correr. Una persona un poquito más competitiva, más paciente y más decidida; una persona un poquito mejor, o al menos eso me gusta pensar.
De verdad, ojalá que a todos nos enseñaran a disfrutar del deporte y nos permitieran aprender a competir. A los mexicanos nos hace mucha, pero mucha falta.
Mi entusiasmo deportivo estuvo alimentado por los encuentros finales del torneo de Wimbledon. El sábado vi ganar a Serena Williams, quien fue rotundamente más fuerte, más rápida y más decidida que su rival (aunque la chica de Polonia siguió jugando con todo el arrojo). El domingo vi ganar a Roger Federer frente a Andy Murray. He de decir que nunca he sido fan de Roger aunque reconozco que es un estupendo atleta y que cuenta con los rasgos necesarios para ser el número uno indiscutible: determinación, perseverancia, templanza, confianza. No afloja el ritmo cuando va arriba. No se deja intimidar ni diminuye su empeño cuando va abajo. Al contrario, siempre sabe sacar la casta.
Cuando digo que nunca he sido su fan, es porque, a pesar de tantas virtudes lo encuentro falto de pasión, y creo que me gustaría ver, en un atleta de su tamaño, señales de pasión más a menudo. Nadal las tiene siempre, he incluso le sobran. Nadal es físicamente un atleta en mejor forma, pero Federer tiene un temperamento más apto para manejar tanto el fracaso como el éxito. Al escribir esto me doy cuenta de que mi petición es un contrasentido. Quisiera que Federer fuera más temperamental, pero si lo fuera, no sería tan grande ni capaz como es. Perdóname Roger, en la elección de héroes siempre juega un papel más importante lo emocional, y Nadal me cae mucho mejor (y mejor aún me caía Pete Sampras, pero ahora no viene el caso hablar de él)
En fin, que Federer hizo gala de sus habilidades psicológicas y desde luego físicas para ganar 3 sets seguidos, habiendo perdido el primero. Murray hizo su parte (equivocada) para que Federer ganara: se enojó mucho y de verdad el que se enoja, pierde.
Cuando vemos competir a atletas de este nivel, nos damos cuenta de que clave del éxito no está tanto en las habilidades físicas (es condición indispensable que todo jugador esté en las mejores condiciones físicas, eso ya se sabe) sino en las mentales-emocionales. Ya dije que Federer sabe mantener la cordura, el paso y la firmeza aún en los momentos más difíciles. De pronto mientras transcurría el juego, he pensado de nuevo en lo maravilloso que sería contar con una mayor cultura del deporte. Al margen de todos los beneficios físicos que conlleva, el deporte enseña a competir, permite ensayar a manera de juego esas virtudes tan útiles en la vida real. Perseverancia, templanza, resistencia a la frustración, decisión, largo etcétera. Pensando de nuevo en mi afición a correr, encuentro que me ha permitido encontrar y fomentar aspectos de mí más acertados. Por ello extrañaba tanto ir a correr, extrañaba la persona que soy durante y después de correr. Una persona un poquito más competitiva, más paciente y más decidida; una persona un poquito mejor, o al menos eso me gusta pensar.
De verdad, ojalá que a todos nos enseñaran a disfrutar del deporte y nos permitieran aprender a competir. A los mexicanos nos hace mucha, pero mucha falta.
viernes, 29 de junio de 2012
¿Por qué, tristemente, va a ganar Peña Nieto?
A unos pocos días de que tenga lugar la votación para elegir al presidente que gobernará este país durante el periodo 2012-2018, ya todos sabemos que el ganador será el candidato del PRI. Lo sorprendente sería que no ganara y que la izquierda tuviera por fin una oportunidad para demostrarnos de qué es capaz. Sorprendente es también que, dadas las condiciones del país, una parte de los votantes mantenga el entusiasmo y la esperanza suficientes para pensar en una derrota del PRI.
¿Por qué los intelectuales más sesudos están tan convencidos de que el PRI ya ganó? (Luis Villoro, Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo, entre otros a cuya opinión yo, humildemente, me uno). Porque son realistas, porque recurren a la razón y a los datos duros.
¿Por qué los intelectuales más sesudos están tan convencidos de que el PRI ya ganó? (Luis Villoro, Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo, entre otros a cuya opinión yo, humildemente, me uno). Porque son realistas, porque recurren a la razón y a los datos duros.
- Más de 50 millones de pobres que, desde luego, tienen otras cosas más inmediatas por las cuales preocuparse. Y muchos de ellos ven con buenos ojos a Peña Nieto. Se ve bien y promete cosas.
- Un país desinformado (en buena parte porque así lo quiere el oligopolio de los medios y las empresas. En otra, también, porque así lo quieren los propios ciudadanos)
- Corrupción. La corrupción está en la estructura misma de la nación y tiene todas las formas, desde la más burda hasta la más sutil. La corrupción no es un hecho, sino un caldo de cultivo que permite la emergencia de cualquier irregularidad, a cualquier nivel. Somos un pueblo en el que cometer un acto de corrupción es algo natural y común. Es lo normal. Somos moralmente mezquinos, y es por eso que buena parte de los votantes permitirán la llegada del PRI (votando por él o vendiéndole su voto), porque el PRI "roba pero deja robar". Robar es lo normal, robar, engañar, abusar, defraudar, todo eso es tan natural que ni siquiera se cuestiona.
- Narcotráfico. El narcotráfico dictará a muchos ciudadanos por quién votar. Este punto no necesita desarrollo.
- Favoritismos (que es la forma de corrupción de las élites de poder) ¿Hace falta mencionar, a estas alturas, que Peña Nieto ha estado claramente favorecido por medios, políticos y empresarios, de formas legales e ilegales? ¿de verdad? ¿hace falta recordar que, en su momento, así lo estuvo Calderón y que ello determinó su victoria?
En resumen. El IFE es moderno, complejo y caro (su presupuesto para llevar a cabo la elección es de más de 4 mil millones de pesos). Pretendemos que por tener este tipo de instituciones ya somos un país civilizado, moderno, plural y democrático. No lo somos, (claro, tampoco somos Cuba). La democracia no es jugar a la competencia cuando desde el inicio hay un ganador virtual (como ocurre en este caso. Y, por cierto, durante el porfiriato no era muy distinto). La democracia requiere ciudadanos libres y los mexicanos no lo son (una buena parte, una parte de nosotros está muy informada, pero no la mayoría). Claro, no vivimos presos, subyugados o amenzados (algunos, donde gobierna el narco sí viven así) pero no hay libertad de pensamiento porque no hay educación y estamos demasiado coaccionados por quienes ostentan el poder. Donde gobiernan la pobreza y la ignorancia no se puede ser libre, y la pobreza de México es amplia y diversa: es material, es moral y es intelectual, por decir lo menos. Con estas condiciones ¿cabe la esperanza de que pueda no ganar el PRI? -causa, símbolo y destino de todos esos males-. Estoy seguro de que no. Vaya, ni siquiera hace falta un fraude. La mayoría va a votar por Peña Nieto. Informados o no. Ignorantes, pobres, ilusos, manipulados, comprados, amenazados o nada de lo anterior. Lo van a elegir. Y soy el primero en lamentarlo.
jueves, 21 de junio de 2012
Tres meses.
Lo he intentado, de verdad, pero nomás no lo he logrado. He intentado venir a escribir acá cada tanto y contar un poco de lo que ocurre en nuestra vida cotidiana para "dejarle un testimonio a mi hjo" y así cuando crezca pueda darse una idea de cómo era el mundo -su mundo inmediato pero también el mundo allá afuera- durante el tiempo en el que le tocó nacer (como si hiciera falta, como si no existieran los libros, los diarios y las revistas, la enciclopedia infinita que representa intenet, las cientos de fotos que nos la pasamos tomando y como si no existieran sus papás que hablamos hasta por los codos. Como si no existiera todo eso que, para cuando crezca, lo tendrá totalmente bombardeado).
Lo he intentado pero no lo logro. Y es que nuestro hijo lo abarca todo. No sólo atenderlo (con todo lo que ello implica) como ocurrió en los primeros dos meses de nacido. Ahora es también que atestiguar su desarrollo secuestra toda nuestra atención. Cada sonrisa, cada nuevo gesto, cada nueva habilidad -aunque incipiente- significa el evento más importante, la victoria más grande, lo mejor de lo mejor. Y todo indica que así será durante los siguientes años. Todo indica que nos hemos convertido en una pareja de enajenados al servicio y adoración permanente de un bebé. Sí, nos hemos convertido en papás.
Cuando seas capaz de leer esto, hijo, seguramente conocerás estas historias de memoria (y pensarás "ahí va mi papá a contar OTRA VEZ la anécdota de cuando...), pero de todos modos dejaré un breve testimonio escrito.
A los tres meses estás tan desarrollado y despierto como cualquier bebé (pero nosotros pensamos que un poquito más que el resto de los bebés). Duermes estupendamente desde las 11 o 12 de la noche hasta las 7 de la mañana (y nosotros somos muy felices con que duermas tan bien, principalmente porque nos dejas dormir). Comes muy bien, a veces con mucha prisa, a veces con una actitud a todas luces demandante. Te metes el dedo gordo de la mano izquierda a la boca, pero eso no ocurre por hambre, sino porque te consuela o divierte. Por que se te hace fácil. Casi no lloras, a menos que tengas cólico. Tienes un poco de reflujo y eso nos preocupa. Haces caca cada 24 o 48 horas y eso nos preocupa también un poco. Hablamos largo y a menudo sobre tu reflujo y sobre tu caca. Como buenos papás primerizos, somos preocupones.
Como dije antes, atenderte, estar contigo y quererte se lleva nuestro tiempo. Cada que podemos compartimos esta alegría con los que nos rodean (tu tío, tus abuelos, nuestros demás familiares y también nuestros amigos), quienes también reconocen que estás bien guapo y te quieren. No hacemos muchas cosas más. Yo por ahora no corro ni a la esquina y tu mamá suele estar apurada de trabajo. Las tareas de la casa no terminan. No acabamos nunca. Nada termina, nada. Mucho menos la alegría que nos causas.
Ahora sí, unas fotos.
Lo he intentado pero no lo logro. Y es que nuestro hijo lo abarca todo. No sólo atenderlo (con todo lo que ello implica) como ocurrió en los primeros dos meses de nacido. Ahora es también que atestiguar su desarrollo secuestra toda nuestra atención. Cada sonrisa, cada nuevo gesto, cada nueva habilidad -aunque incipiente- significa el evento más importante, la victoria más grande, lo mejor de lo mejor. Y todo indica que así será durante los siguientes años. Todo indica que nos hemos convertido en una pareja de enajenados al servicio y adoración permanente de un bebé. Sí, nos hemos convertido en papás.
Cuando seas capaz de leer esto, hijo, seguramente conocerás estas historias de memoria (y pensarás "ahí va mi papá a contar OTRA VEZ la anécdota de cuando...), pero de todos modos dejaré un breve testimonio escrito.
A los tres meses estás tan desarrollado y despierto como cualquier bebé (pero nosotros pensamos que un poquito más que el resto de los bebés). Duermes estupendamente desde las 11 o 12 de la noche hasta las 7 de la mañana (y nosotros somos muy felices con que duermas tan bien, principalmente porque nos dejas dormir). Comes muy bien, a veces con mucha prisa, a veces con una actitud a todas luces demandante. Te metes el dedo gordo de la mano izquierda a la boca, pero eso no ocurre por hambre, sino porque te consuela o divierte. Por que se te hace fácil. Casi no lloras, a menos que tengas cólico. Tienes un poco de reflujo y eso nos preocupa. Haces caca cada 24 o 48 horas y eso nos preocupa también un poco. Hablamos largo y a menudo sobre tu reflujo y sobre tu caca. Como buenos papás primerizos, somos preocupones.
Como dije antes, atenderte, estar contigo y quererte se lleva nuestro tiempo. Cada que podemos compartimos esta alegría con los que nos rodean (tu tío, tus abuelos, nuestros demás familiares y también nuestros amigos), quienes también reconocen que estás bien guapo y te quieren. No hacemos muchas cosas más. Yo por ahora no corro ni a la esquina y tu mamá suele estar apurada de trabajo. Las tareas de la casa no terminan. No acabamos nunca. Nada termina, nada. Mucho menos la alegría que nos causas.
Ahora sí, unas fotos.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Instrucciones (fallidas) para dormir a un bebé
Si usted, como nosotros, tiene un bebé de unas pocas semanas de nacido, reconocerá sin duda la situación que se narra con éstas imágenes.
1. El bebé duerme (o parece que duerme).
2. El bebé no duerme. Y le mira a usted con carita de que algo quiere (¿pero qué quiere el niño?, se preguntará). Entonces, tal vez, decida que es momento de dejarlo a su suerte, a ver si logra conciliar bien el sueño.
3. Grave error. Ahora que lo ha dejado sólo, el bebé llora. Y mucho. Y se agita (como si imitara un pasito de baile de Emmanuel).
4. Entonces usted decide cargar al niño y de pronto ¡el bebé ha dejado de llorar!. Como por acto de magia, el bebé en brazos se muestra tranquilo, relajado, sereno, en paz.
5. Y hasta se duerme, cuál largo, plácidamente.
6. Claro que si usted, confiada e ilusamente lo deja de cargar, entonces MUY probablemente el bebé se despierte de nuevo y ponga carita de ¿qué pasó, no me estabas cargando?. Y volvemos a empezar.
Y ASÍ.....
1. El bebé duerme (o parece que duerme).
2. El bebé no duerme. Y le mira a usted con carita de que algo quiere (¿pero qué quiere el niño?, se preguntará). Entonces, tal vez, decida que es momento de dejarlo a su suerte, a ver si logra conciliar bien el sueño.
3. Grave error. Ahora que lo ha dejado sólo, el bebé llora. Y mucho. Y se agita (como si imitara un pasito de baile de Emmanuel).
4. Entonces usted decide cargar al niño y de pronto ¡el bebé ha dejado de llorar!. Como por acto de magia, el bebé en brazos se muestra tranquilo, relajado, sereno, en paz.
5. Y hasta se duerme, cuál largo, plácidamente.
6. Claro que si usted, confiada e ilusamente lo deja de cargar, entonces MUY probablemente el bebé se despierte de nuevo y ponga carita de ¿qué pasó, no me estabas cargando?. Y volvemos a empezar.
Y ASÍ.....
martes, 8 de mayo de 2012
Pero ¿quién lo sabe, realmente?
Hubo una temporada hace algunos años -entre 2001 y 2006, quizá- durante la cuál leí muchísimo (no como ahora, que no leo ni madres). Vaya, siempre he leído mucho (excepto ahora, que no leo ni madres) pero en esos años, especialmente, leí más. A veces hasta un libro a la semana. (Y no lo cuento por presumir, la lectura no hace mejor persona a nadie, aunque está claro que acumular conocimiento es mejor que acumular deudas o botellas vacías. Lo cuento, como todo en este blog, para auxiliar a mi memoria). Siempre en esa temporada leía alguna cosa de "cultura" (fuera divulgación científica, psicología, historia, antropología, economía o sociología) y, al mismo tiempo, algo de literatura. Ficción y no ficción, como lo clasificarían los gringos (pero ahora no sólo los gringos, sino todo el mundo, aunque no esté bien).
Entre los libros de "no ficción" que más recuerdo o intento recordar, están los de Malcolm Galdwell (principalmente "Blink") y otro llamado "Genoma" de un autor cuyo nombre no recuerdo y no me importa. "Blink" es una obra maravillosa que trata acerca de la inteligencia intuitiva, y de cómo la sobre-información puede ser bastante perjudicial porque nos lleva a darle importancia a cosas que no la tienen. Nuestro cerebro y sistema nervioso acumulan todo lo que nos ocurre y definen criterios de respuesta. Es decir, en el fondo "siempre sabemos" lo que nos conviene. Pero ese saber usa un lenguaje distinto al de nuestro raciocinio. Ese saber se manifiesta por medio de esa chispa inquietante pero certera que llamamos "olfato" o intuición. En fin, que la obra pretende invitarnos a confiar en nuestra intuición porque nuestra intuición es el compendio de toda nuestra experiencia y conoce las respuestas. Y además sabe manifestarse en dos segundos. Por último, la obra tiene el buen gusto de ir desarrollando esta idea con historias bastante entretenidas.
¿A qué viene todo esto?- Pues a que quería abordar el eterno dilema que ahora me atañe, que me ha intrigado siempre pero ahora, con el bebé, me intriga un poco más .
¿Que es más determinante en la formación de la personalidad, la herencia genética o el ambiente en el que nos desarrollamos?. ¿Qué nos hace ser lo que somos y responder como respondemos y relacionarnos con nosotros y con los demás como lo hacemos?. ¿Se debe a cómo nos educan o es que "así nacimos"?. ¿Quién lo sabe realmente?
(Al mencionar el libro de Blink pretendía citar un capítulo acerca del tema, pero ya me acordé que no viene en ese libro. Y sobre "Genoma", confieso que algo mencionaba pero ya no me acuerdo de nada. Mñé.)
El asunto es que estos libros (pero seguramente miles más), concluyen que sobre este dilema no hay conclusión alguna. Ni la ciencia más avanzada ni la psicología más profunda han logrado decirnos en qué medida es la genética lo que define nuestra forma de ser, y en qué medida es el ambiente en el cuál nos desarrollamos. Y qué bueno que no logren hacerlo, me parece. Si lo hicieran la conducta humana dejaría de ser un misterio.
Y ese misterio es el que, repito, ahora me intriga. No es que me inquiete o preocupe, pero sí me intriga pensar en cómo se irá dibujando la personalidad de Nicolás y en qué medida su mamá y yo seremos responsables o causantes de ciertos rasgos y en qué medida no lo seremos en lo absoluto, porque muchas cosas muy de fondo estarán marcadas por su herencia genética. Ohpordios. Por último, he de agregar que, al conjunto de genes-ambiente, ha de sumarse una (casi), infinita serie de condicionantes para formar la conducta de una persona: factores socioeconómicos e históricos, corrientes de pensamiento y actitud generacionales, la conjunción de los astros y la voluntad de la divina providencia. Ah, y lo que esté ocurriendo en la isla de LOST.
(Hoy fui a correr después de meses y me puse muy jaip, por eso el post fue escrito con buen humor. Y con las patas)
Tan tan.
Entre los libros de "no ficción" que más recuerdo o intento recordar, están los de Malcolm Galdwell (principalmente "Blink") y otro llamado "Genoma" de un autor cuyo nombre no recuerdo y no me importa. "Blink" es una obra maravillosa que trata acerca de la inteligencia intuitiva, y de cómo la sobre-información puede ser bastante perjudicial porque nos lleva a darle importancia a cosas que no la tienen. Nuestro cerebro y sistema nervioso acumulan todo lo que nos ocurre y definen criterios de respuesta. Es decir, en el fondo "siempre sabemos" lo que nos conviene. Pero ese saber usa un lenguaje distinto al de nuestro raciocinio. Ese saber se manifiesta por medio de esa chispa inquietante pero certera que llamamos "olfato" o intuición. En fin, que la obra pretende invitarnos a confiar en nuestra intuición porque nuestra intuición es el compendio de toda nuestra experiencia y conoce las respuestas. Y además sabe manifestarse en dos segundos. Por último, la obra tiene el buen gusto de ir desarrollando esta idea con historias bastante entretenidas.
¿A qué viene todo esto?- Pues a que quería abordar el eterno dilema que ahora me atañe, que me ha intrigado siempre pero ahora, con el bebé, me intriga un poco más .
¿Que es más determinante en la formación de la personalidad, la herencia genética o el ambiente en el que nos desarrollamos?. ¿Qué nos hace ser lo que somos y responder como respondemos y relacionarnos con nosotros y con los demás como lo hacemos?. ¿Se debe a cómo nos educan o es que "así nacimos"?. ¿Quién lo sabe realmente?
(Al mencionar el libro de Blink pretendía citar un capítulo acerca del tema, pero ya me acordé que no viene en ese libro. Y sobre "Genoma", confieso que algo mencionaba pero ya no me acuerdo de nada. Mñé.)
El asunto es que estos libros (pero seguramente miles más), concluyen que sobre este dilema no hay conclusión alguna. Ni la ciencia más avanzada ni la psicología más profunda han logrado decirnos en qué medida es la genética lo que define nuestra forma de ser, y en qué medida es el ambiente en el cuál nos desarrollamos. Y qué bueno que no logren hacerlo, me parece. Si lo hicieran la conducta humana dejaría de ser un misterio.
Y ese misterio es el que, repito, ahora me intriga. No es que me inquiete o preocupe, pero sí me intriga pensar en cómo se irá dibujando la personalidad de Nicolás y en qué medida su mamá y yo seremos responsables o causantes de ciertos rasgos y en qué medida no lo seremos en lo absoluto, porque muchas cosas muy de fondo estarán marcadas por su herencia genética. Ohpordios. Por último, he de agregar que, al conjunto de genes-ambiente, ha de sumarse una (casi), infinita serie de condicionantes para formar la conducta de una persona: factores socioeconómicos e históricos, corrientes de pensamiento y actitud generacionales, la conjunción de los astros y la voluntad de la divina providencia. Ah, y lo que esté ocurriendo en la isla de LOST.
(Hoy fui a correr después de meses y me puse muy jaip, por eso el post fue escrito con buen humor. Y con las patas)
Tan tan.
viernes, 27 de abril de 2012
Matthieu Ricard
Matthieu Ricard es un monje tibetano, de origen francés, muy conocido desde que en abril del 2007 fuera considerado como el hombre más feliz de la tierra tras años de estudio de su cerebro mediante resonancias magnéticas en el laboratorio de neurociencia afectiva de la universidad de Wisconsin. Según entiendo, lo que miden en esos estudios es el nivel de actividad de las regiones del cerebro en las que se generan las emociones positivas como empatía, alegría y serenidad.En esta charla de TED llamada "Hábitos del bienestar" (click aquí) Ricard habla un poco acerca de esa clase de estudios pero, sobre todo, habla de la naturaleza del bienestar. El bienestar, dice él y lo dicen siempre los budistas, radica en la mente y en cómo la mente interpreta, canaliza y experimenta lo que ocurre a nuestro alrededor. La mente, dice bien en esta breve charla, requiere de entrenamiento para aprender a generar estados de bienestar, de calma y de alegría. El bienestar no puede depender de circunstancias externas (aunque un entorno de circunstancias favorables desde luego contribuye mucho a estar bien) porque simplemente las circunstancias externas no están en nuestro control. Al menos no todas y por supuesto nunca todas a la vez.
Todo esto suena muy lógico y simple, pero no deja de ser revelador incluso para los que nos hemos acercado una y otra vez al budismo y sus principios. Nunca es suficiente. Es necesario practicarlo muchas veces para poder entenderlo. Es por eso que asomarse a este video no estará de más.
martes, 24 de abril de 2012
Un mes
Cómo quisiera tener la disciplina para escribir aquí un poco todos los días. Aunque fuera unas líneas, unas pocas nada más, acerca de Nicolás y lo que aprendo (aprendemos) de él a cada tanto.
Estoy convencido de que, al mismo tiempo que aprendo sobre el bebé, estoy aprendiendo mucho sobre mi mismo. Confirmo que mi terapeuta tenía razón cuando en su momento me decía que la relación de pareja es donde y cuando más creces. Se le olvidó decirme que, habiendo un bebé, la circunstancia te obliga aún más a tener ese crecimiento.
Y es que a cada momento surge alguna situación que te exige paciencia, o determinación, o capacidad para observar con calma. Todo en el cuidado del bebé requiere de nuestra máxima atención y empeño. Nos demanda un esfuerzo correcto. Es en ese esforzarse continuamente que algo cambia dentro de nosotros, los padres. El bebé nos obliga a conducirnos como nunca antes nadie, por ninguna circunstancia, nos había obligado a nada. El bebé nos vence, nos doblega y logra en nosotros lo imposible y sin siquiera habérselo propuesto, sin saberlo, sin hablar, sin entender nada ni pretender hacerlo. Con el simple hecho de estar ahí logra en nosotros un cambio. O quizá, y mejor dicho, sólo lo demanda, y ya es decisión de cada uno realizar o no ese cambio.
Ahora que ya cumplió un mes Nicolás es que comienzo a entender a lo que se refieren con aquello de que "todo cambia cuando llega un bebé". Estoy de acuerdo pero corrijo; no cambia todo, el que cambia eres tú.
Estoy convencido de que, al mismo tiempo que aprendo sobre el bebé, estoy aprendiendo mucho sobre mi mismo. Confirmo que mi terapeuta tenía razón cuando en su momento me decía que la relación de pareja es donde y cuando más creces. Se le olvidó decirme que, habiendo un bebé, la circunstancia te obliga aún más a tener ese crecimiento.
Y es que a cada momento surge alguna situación que te exige paciencia, o determinación, o capacidad para observar con calma. Todo en el cuidado del bebé requiere de nuestra máxima atención y empeño. Nos demanda un esfuerzo correcto. Es en ese esforzarse continuamente que algo cambia dentro de nosotros, los padres. El bebé nos obliga a conducirnos como nunca antes nadie, por ninguna circunstancia, nos había obligado a nada. El bebé nos vence, nos doblega y logra en nosotros lo imposible y sin siquiera habérselo propuesto, sin saberlo, sin hablar, sin entender nada ni pretender hacerlo. Con el simple hecho de estar ahí logra en nosotros un cambio. O quizá, y mejor dicho, sólo lo demanda, y ya es decisión de cada uno realizar o no ese cambio.
Ahora que ya cumplió un mes Nicolás es que comienzo a entender a lo que se refieren con aquello de que "todo cambia cuando llega un bebé". Estoy de acuerdo pero corrijo; no cambia todo, el que cambia eres tú.
viernes, 30 de marzo de 2012
Nicolás
Y al final, como ocurre en el tipo de historias que nos gusta escuchar, todo salió bien. Aunque claro, este no es un final de una historia, sino su contrario. Es el inicio. El inicio de una vida.
Lo que terminó fue la espera, ese periodo de incertidumbre, que sin duda, muchas parejas disfrutarán. No nos ocurrió así a nosotros. Quizá sea por eso que en estos primeros días la emoción de conocer y estar con nuestro hijo ha sido sobrecogedora, abrumadora, total.
Ahora hace poco más de una semana que nació Nicolás y pareciera que ya hay material para contar decenas de historias. La experiencia de la cesárea, el momento en que nació y por fin le conocimos, los dos días de hospital, nuestra primera noche con él, nuestras primeras angustias cuando una noche lloró durante horas por un cólico (que, desde luego, no supimos identificar). Nuestros primeros momentos de desesperación, nuestras caras de desvelados, el momento en que nos sonreímos satisfechos al descubrir que bañarlo era fácil. Las muchas veces en que, ya tan pronto, me ha hecho llorar porque sí, porque estoy conmovido. Porque me asombra haberme convertido en padre. Porque esta emoción que siento es enorme y bella. Porque sin duda todo esto es una experiencia de amor, aunque a veces pienso que la palabra amor se queda corta para describir lo que he sentido, por él y por Alina, en tan pocos días. Y esto apenas es el inicio de una larga historia.
En la foto, Nicolás a los 3 días de nacido, tomando su primer baño de sol. Ternurita.
Lo que terminó fue la espera, ese periodo de incertidumbre, que sin duda, muchas parejas disfrutarán. No nos ocurrió así a nosotros. Quizá sea por eso que en estos primeros días la emoción de conocer y estar con nuestro hijo ha sido sobrecogedora, abrumadora, total.
Ahora hace poco más de una semana que nació Nicolás y pareciera que ya hay material para contar decenas de historias. La experiencia de la cesárea, el momento en que nació y por fin le conocimos, los dos días de hospital, nuestra primera noche con él, nuestras primeras angustias cuando una noche lloró durante horas por un cólico (que, desde luego, no supimos identificar). Nuestros primeros momentos de desesperación, nuestras caras de desvelados, el momento en que nos sonreímos satisfechos al descubrir que bañarlo era fácil. Las muchas veces en que, ya tan pronto, me ha hecho llorar porque sí, porque estoy conmovido. Porque me asombra haberme convertido en padre. Porque esta emoción que siento es enorme y bella. Porque sin duda todo esto es una experiencia de amor, aunque a veces pienso que la palabra amor se queda corta para describir lo que he sentido, por él y por Alina, en tan pocos días. Y esto apenas es el inicio de una larga historia.
En la foto, Nicolás a los 3 días de nacido, tomando su primer baño de sol. Ternurita.
lunes, 19 de marzo de 2012
Némesis
A finales del año pasado el suplemento Babelia de El País, publicó su conteo de las mejores novelas del 2011. En segundo lugar, apenitas atrás de Los enamoramientos del insuperable Javier Marías, estaba Némesis, del norteamericano Phillip Roth. Ese fue el pretexto perfecto para leer a un autor que, desde hace mucho, me llamaba la atención leer.
No puedo decir que la prosa me haya fascinado (cosa que ocurre siempre con Marías), pero sí, en cambio, que el argumento es profundo y realista, doloroso y a la vez conmovedor.
Un pueblo cualquiera de la Unión Americana es azotado por una epidemia de polio, al mismo tiempo que está transcurriendo la Segunda guerra mundial. La narración se centra en un hombre joven judío que está frustrado por no haber podido sumarse a filas. Este hombre es, además, huérfano y labora como entrenador deportivo de los niños que, prontamente son víctimas -y a su vez el centro- de la epidemia. En medio de tal situación, el hombre no puede hacer otra cosa que cuestionar a Dios, sus intenciones y su bondad. Sigue creyendo en él pero para odiarlo, para culparlo. Supongo que por eso la novela se llama como se llama. Hay una reflexión, cercana al final, acerca de la posición que ante las tragedias podemos asumir. En esta reflexión no se cuestiona a Dios, sino a la creencia o el tipo de creencia que podemos tener acerca de él. Tener una idea de un Dios que nos premia o castiga es infantil. Las cosas no pasan para satisfacernos. Ni lo contrario. Las tragedias le pasan a cualquiera y nadie de nosotros es tan especial como para que le ocurran en exclusiva, o con exclusiva insistencia. Esta parte final, en la que además la narración adquiere un ritmo más veloz, es la que más me ha gustado. Dudo que otros autores puedan tratar un tema tan espinoso como lo es la moralidad de Dios, de una forma tan íntima, certera, concisa y breve.
Por último pero de la mano, he pensado en lo afortunada que es la época que nos ha tocado vivir, lejos de esas epidemias y de la muerte constante, rodeándonos. Cada época tiene sus dificultades, sí, pero los sufrimiento de quienes vieron morir a su hijos o iguales por enfermedades espantosas como la polio o por la guerra, no creo que puedan comparare con los nuestros, los que estamos en perfecta salud, cómodamente escribiendo o leyendo esto frente a un monitor.
viernes, 16 de marzo de 2012
La función está por comenzar
Unos días, unos días nada más. Dentro de unos pocos días voy a convertirme en padre. Dicen que, a diferencia de la madre, el padre no termina de conectar con el bebé sino hasta que lo mira y lo toca, hasta que lo tiene en sus brazos y al conocerlo lo reconoce. Hasta que el bebé ya está aquí. No lo dudo. No dudo que la experiencia de la paternidad es tal sí, y sólo sí, hay involucramiento. En ese sentido, muchas personas procrean pero nunca se convierten en padres porque nunca se involucran con sus hijos. Lo contrario y deseable es que la responsabilidad con el hijo sea permanente, una cosa para siempre aunque no siempre sea igual, aunque, por fuerza y necesidad cambie de forma.
Pero esas cosas aún no las sé, sólo las supongo pero no las sé porque no las he vivido. Las he leído o imaginado o he creado historias a partir de lo que escucho o creo que escuché. La vida mental se construye de creencias, no de hechos. Creo que la paternidad aún no comienza pero entonces ¿qué han sido estos ahora casi nueve meses?. Si aún no soy padre, pero tampoco soy el mismo tipo solo y totalmente independiente que era antes ¿entonces qué he sido durante este tiempo?. Creo que he comenzado a ser padre, que he estado ensayando actitudes, formas y rutinas propias y necesarias para ser padre, pero tal experiencia aún no se concreta ni define, aún no es visible ni tangible pero ya es real. Esto es como el ensayo de una obra que se estrenará en grande.
Y el telón está ahora por levantarse, dentro de muy poco, unos días nada más. Que comience la función.
Pero esas cosas aún no las sé, sólo las supongo pero no las sé porque no las he vivido. Las he leído o imaginado o he creado historias a partir de lo que escucho o creo que escuché. La vida mental se construye de creencias, no de hechos. Creo que la paternidad aún no comienza pero entonces ¿qué han sido estos ahora casi nueve meses?. Si aún no soy padre, pero tampoco soy el mismo tipo solo y totalmente independiente que era antes ¿entonces qué he sido durante este tiempo?. Creo que he comenzado a ser padre, que he estado ensayando actitudes, formas y rutinas propias y necesarias para ser padre, pero tal experiencia aún no se concreta ni define, aún no es visible ni tangible pero ya es real. Esto es como el ensayo de una obra que se estrenará en grande.
Y el telón está ahora por levantarse, dentro de muy poco, unos días nada más. Que comience la función.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Refranes
Refranes
Octavio Paz
Una espiga es todo el trigo
Una pluma es un pájaro vivo y cantando
Un hombre de carne es un hombre de sueño
La verdad no se parte
El trueno proclama los hechos del relámpago
Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
El agua habla sin cesar y nunca se repite
En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
En la balanza de una lengua que delira
Una lengua de mujer que dice sí a la vida
El ave del paraíso abre las alas
Como la marejada verde de marzo en el campo
Entre los años de sequía te abres paso
Nuestras miradas se cruzan se entrelazan
Tejen un transparente vestido de fuego
Una yedra dorada que te cubre
Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
Los días harapientos caen a nuestros pies
No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
Un surtidor en el centro de la pieza
Manantiales que duermen con los ojos abiertos
Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
Verdes monarquías
La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.
Una pluma es un pájaro vivo y cantando
Un hombre de carne es un hombre de sueño
La verdad no se parte
El trueno proclama los hechos del relámpago
Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
El agua habla sin cesar y nunca se repite
En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
En la balanza de una lengua que delira
Una lengua de mujer que dice sí a la vida
El ave del paraíso abre las alas
Como la marejada verde de marzo en el campo
Entre los años de sequía te abres paso
Nuestras miradas se cruzan se entrelazan
Tejen un transparente vestido de fuego
Una yedra dorada que te cubre
Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
Los días harapientos caen a nuestros pies
No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
Un surtidor en el centro de la pieza
Manantiales que duermen con los ojos abiertos
Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
Verdes monarquías
La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.
domingo, 30 de mayo de 2010
Destino
Esta semana fue el final de LOST. Lo vi en la transmisión directa, lo vi en la repetición y he visto muchas veces más vía youtube los fragmentos que me parecieron más significativos. Tras haber visto varias veces esas escenas, creo haber entendido porqué me gustaba tanto la serie. No es solo que los personajes estuvieran tan perfectamente delineados y que las confrontaciones entre ellos provocaran una tensión permanente. No es tanto que las actuaciones, los escenarios, las vueltas de la trama y los saltos en la narración generaran la merecida admiración de los espectadores, entre ellos yo, por supuesto. Hay algo más, algo más importante que todo lo anterior. Y ese algo es una cuestión. Una cuestión primordial para los personajes pero sin duda también para nosotros los seres tangibles. Sin duda porque dicha cuestión es fundamental para nosotros, es que resulta también fundamental para los personajes. ¿Existe el Destino? ¿Estamos cada uno de nosotros destinados a hacer algo? ¿Es en función de ese destino que todos los absurdos de la vida dejan de parecer tal cosa? ¿Y si existe ese destino, y si todo está escrito, qué papel juegan nuestras decisiones, nuestro libre albedrío?.
Aunque en el discurso ideológico hoy a nuestro mundo lo gobierna la razón, en la práctica no hemos ido más allá de los griegos: nos gusta creer que existe un Destino. Y en lo que se refiere a nuestros ideales de justicia tampoco hemos avanzado nada desde la Edad Media: nos gusta creer que hay un más allá en donde todo lo que vivimos aquí tiene una recompensa, un lugar al cual hemos de llegar a hacer cuentas.
LOST y su final revelan que esas siguen siendo nuestras creencias, y por eso el final gusta tanto. Apela a nuestros mitos, a lo profundo y más sedimentado de nuestra civilización. Es por ello que aunque yo me considere un hombre moderno, un hijo de la razón, en el fondo sé que esas son patrañas. Soy otro pobre tipo primitivo que sueña con que las cosas tienen una coherencia, con que hay un Destino. Y que aunque ese Destino resulte incomprensible, cumplirlo vale la pena porque hay una recompensa.
Nada me consta que sea así. Mi razón me dice, una y otra vez, que la vida no tiene un sentido trascendental. La realidad me escupe a la cara, me abofetea y me grita que no hay un motivo, que nada tiene sentido, que no existen ni la justicia ni el más allá.
Pero me gustaría que no fuera así. Y por ello me conmueve que para los personajes de LOST las cosas sean distintas. Para ellos al final hubo un sentido, una causa, una razón, justicia y una recompensa. Al menos para ellos el Destino sí existe
sábado, 15 de mayo de 2010
Déficit de tiempo
Fue esta mañana. Iba conduciendo rumbo al deportivo mientras intentaba, a cada luz roja, leer una revista literaria. El texto en cuestión era estupendo porque hablaba del tráfico, de la ciudad que es un parche sobre otro parche sobre otro parche sobre un lago que se secó. Leía avanzando apenas una línea, apenas dos líneas antes de que llegara de nuevo la luz verde y debiera avanzar. Fue en ese momento que pensé el tiempo nunca alcanza. Vaya, eso no es ninguna sorpresa, al menos para mí. Es algo que sé muy bien porque lo padezco, padezco de déficit de tiempo. Pero esta vez fue distinto, lo reflexioné distinto. Me vi de pronto conduciendo a las 10 de la mañana del sábado, rumbo al primero de mis tres compromisos auto impuestos para la primera parte de este día, me vi pensando en lo pesada que había sido la semana; en que todos los días son largos pero insuficientes, me vi proyectando las tareas de la semana que sigue, las del trabajo y las personales. Me vi haciendo planes para una serie de cosas que no sé cómo lograré completar en el futuro si nunca me alcanza el tiempo. Me vi, por último, haciendo ese ridículo y peligroso intento de recuperar un poco de tiempo intentado leer una revista literaria durante los segundos que dura la luz roja de un semáforo.
Déficit de tiempo. Supongo que este mal lo comparto, por lo menos, con todos los que trabajan en un horario de oficina, en oficinas que están lejos. Personas que vamos por la noche a clubes deportivos que quizá no están muy lejos, pero que se vuelven lejanísimos, casi inalcanzables en las horas de tráfico (las horas en las que todos salimos de nuestras lejanas oficinas). Lugares a los que, no obstante, decidimos ir porque si no hacemos un poco de ejercicio habremos de reventar por el estrés que ocasionan el tráfico y el déficit de tiempo.
Ojalá el tiempo para vivir se pudiera adquirir como el tiempo aire del celular. Podrías ir al Seven Eleven, comprar tus cigarros, un agua o un chocolate y en la caja pedirías Tiempo Aire Vida. ¿De cuánto la tarjeta?. Hay de media hora, una hora, dos horas y cinco horas. Deme la de 5 horas por favor. Terminas de pagar y ya está. Son, por ejemplo las cinco de la tarde y no las diez de la noche. No obstante ya terminaste todos tus pendientes. Ya fuiste al trabajo, ya fuiste al ejercicio, ya comiste, ya te desplazaste de aquí para allá y de allá para acá. Y tienes para ti solo, para ti nada más, para tu deleite personal, para tu ocio o lo que sea 5 horas libres, 5 horas totalmente libres. Pero ¡oh no! la realidad es, como siempre, bien distinta. El tiempo no se puede comprar, el tiempo no alcanza y hay que hacer malabares para estirarlo un poco. La opción sería lo de pensar bien qué chingados quiere uno hacer con el poco tiempo que tiene libre y "establecer prioridades". Pero ¿es posible eso?. Hacer una lista de lo que quieres hacer y enfocarte exclusivamente en ello. No, yo no podría. Me distraería sin duda. Y en caso de lograrlo se irían a la chingada todas esas posibilidades que ofrece el azar en su infinita sabiduría.
No puedo establecer prioridades, ni siquiera puedo completar una lista de asuntos pendientes. Hoy quiero una cosa y la inicio y como soy un tipo obsesivo termino esa cosa que empecé, sin importar que en el camino haya iniciado otra cosa o serie de cosas, ni que previamente ya me haya comprometido con otras tantas. Hago todas a la vez y las hago bien. ¿Cuando dejaré de interesarme por nuevos asuntos?. Ahora está lo de siempre, el trabajo y sus avances, el atletismo y la lectura. Pero ya veo venir la escuela, y la otra escuela, y el club de lectura y quién sabe cuantas cosas más. Pero si ahora mismo ya tengo déficit de tiempo ¿cómo haré lo que sigue? ¿o qué tengo que sacrificar?. No lo sé ¿será por esta falta de tiempo que no tengo novia? ¿O es más bien que si tuviera novia no me metería en tanto asunto que me deja con tan poco tiempo?
Me gusta pensar que ante tantas tareas uno se vuelve más eficiente, como uno de esos celulares que rinden muchas horas encendidos sin que los tengas que conectar a la corriente eléctrica. Me gusta pensar que algún día me volveré más sensato y estableceré las prioridades como ahora simplemente no puedo. Me gusta, en el fondo, este estrés de las prisas, de las llamadas mientras caminas, de las conversaciones mientras comes, de la socialización virtual mientras trabajas, de la lectura de una revista literaria mientras esperas el cambio de luz de un semáforo
miércoles, 12 de mayo de 2010
¿Quién escribe esto?
Hace mucho, en un tiempo ahora lejano, tuve un blog. Antes, en otro tiempo aún más lejano, escribía en cuadernos. El blog lo borré. Eliminado por siempre, hasta nunca. Los cuadernos los destruí. A la basura, adiós. Nunca me gusta lo que escribo. Cuando lo estoy escribiendo sí, me gusta, me encanta, me enamoro del texto en cuestión pensando "éste sí está bueno, este sí me está quedando bien, éste sí vale la pena". Soy ingenuo. Luego releo el texto y me parece pésimo o cuando menos mediocre y me deshago de él. En el tiempo del blog, a fuerza de intentos, salían textos satisfactorios cada cierto tiempo. Pero luego vinieron los lectores y todo se jodió. No por culpa de los lectores, por supuesto. El que escribe quiere que lo lean, así es que tener lectores debía ser por principio algo bueno. El problema fue querer satisfacerlos, y con ello el sentido de los textos, el sentido mismo de escribir se desvirtuó. Escribía desde voces que no eran la mía. Inventaba cosas, exageraba otras tantas. Entiendo que la literatura es así. Una variante de la realidad. El desarrollo de una historia que nunca ocurrió. La historia sobre la posibilidad de un sueño. Y está chingón, muy chingón. Pero la voz no era la mía. Al menos esa impresión tenía, era desagradable y por eso el blog se terminó
Años después he aprendido que lo más complicado en la vida es conocerse a uno mismo. Conocerse de verdad. Y he practicado muchos métodos para "leerme" de una manera más asertiva. El más fregón de esos métodos es correr. Corriendo no hay pierde. El cuerpo te habla, tu mente calla y obedece. Conoces tu conducta por medio del dolor del cuerpo. Tu mente se enfoca en un objetivo y desarrolla (o no), lo que se requiere para correr. Disciplina, voluntad, método, perseverancia, humildad y coraje a la vez, paciencia. Largo etc. También he meditado. En ello llevo poco tiempo y no puedo aún expresar aquí sus efectos sin caer en un lugar común. En un cliché de pseudo orientalista wannabe muy a la mexicana. Don't.
Escribir es sin duda el método más difícil y retorcido para conocerse. Mientras uno escribe se pierde en laberintos y puede muchas veces salir por una puerta desconocida. Pero ahora creo que puedo hacerlo mejor. También estoy seguro de que cada entrada cambiará en su estilo de acuerdo a lo que me encuentre leyendo. Eso no lo puedo evitar aún. Si leo a Mishima soy un poco Mishima al escribir. Y si leo a Fadanelli, que es evidentemente todo lo contrario a Mishima, entonces soy Fadanelli (qué horror).
Ya veremos quién escribe esto en la siguiente ocasión
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