Desde la primera vez que corrí 21 kms (estoy casi seguro de que fue en 2007), supe que esa sería mi distancia favorita para participar en carreras. Aunque la maratón (distancia que hasta ahora he corrido 3 veces) es la experiencia que suele llevarse toda la atención y todas las reflexiones (no sin justicia, he de decir), es el medio maratón la competencia que más suelo disfrutar. Me acomoda muy bien y siempre la he corrido en un tiempo aceptable, sin necesidad de mucho entrenamiento ni esfuerzo. Esta vez, el 3 de septiembre de 2012, no fue la excepción.
Los corredores siempre decimos aquello de que "cada carrera es única" o que "cada carrera es especial". Ello ocurre debido a que el momento de la vida en el que nos encontramos al participar en una carrera, es distinto al momento de participar en cualquier otra carrera. Cambia la estación del año, cambia la ruta, cambia la ciudad en la que corremos (aún cuando se trate de la misma ciudad), cambia, también, nuestra condición física, mental y emocional. De tal modo, la combinación única de estos factores hace de cada competencia, algo único. En esta ocasión, mi asunto especial era que no había corrido ninguna distancia larga en más de un año debido al nacimiento de mi hijo Nicolás. Mejor dicho, debido a la gestación de Nicolas. Fue durante el embarazo de Alina, mi mujer, cuando, por primera vez desde que comencé a correr, dejé de hacerlo habitualmente. Sin duda mi interés estaba en otro lado y no en la carrera. Prepararse para la llegada de un bebé demanda tiempo y esfuerzo. No todo son emociones alegres y de bienestar, también hay tensión y preocupaciones. Entre otras cosas, hay que habituar espacios físicos y mentales, y hay que re-adaptar dinámicas de pareja, familiares y de amistades. Físicamente me sentía cansado y, por primera vez, muy poco dispuesto y motivado para ir a correr. Recuerdo que dormí muchísimo durante el embarazo de mi mujer debido, en parte, a la advertencia común de que ya no se duerme igual de bien nunca más en la vida, una vez llegados los hijos. No paso así para nosotros, afortunadamente. Nuestro hijo durmió 6 y 7 horas seguidas tan pronto como pasó la cuarentena y nosotros hemos vuelto a dormir, por lo regular, igual de bien que antes. En fin, que volviendo a lo de correr, cada vez corrí menos y, para cuando nació el bebé, definitivamente había dejado de hacerlo y había perdido toda condición. A finales del embarazo estaba practicando un poco de yoga (otra celosa disciplina que el cuerpo olvida con facilidad), pero a la llegada del bebé ya no hice nada. No podía, y, desde luego, no me importó en lo absoluto.
Pasados los primeros 2 o 3 meses empezamos a estar mucho más tranquilos y contentos y sentí de nuevo la motivación para ir a correr de vez en cuando. Tuve que superar la frustración de ver y sentir mi cuerpo fuera de condición. Hubo un día en que, imprudentemente, corrí 7 kms y el resultado fue un nudo muscular en mi muslo izquierdo, situación que me obligó a asumir que tenía que empezar de ceros, nuevamente, y desde ahí ir mejorando poco a poco. Y eso hice. Practiqué bicicleta fija varios días a la semana y esperé a que el nudo muscular se deshiciera del todo. Luego comencé a correr de a poco, suave y sin prisas. Al paso de un par de meses ya había retomado cierta condición muscular y cardiovascular, pero estaba lejos de tener el nivel físico necesario para participar en un medio maratón, lo cual me causaba pesar y algo de frustración. Sentía nostalgia por los tiempos en los que podía correr más de 12 kms cada domingo, aún sin estar entrenando para una carrera. Sentía también enojo conmigo mismo por no esforzarme más en buscar tiempo para correr (pero levantarme demasiado temprano nunca ha sido lo mío). Sentía, en concreto, que mi relación con el hecho de correr estaba siendo bastante insatisfactoria. Sentía eso que llaman runner's blue. El medio maratón del Día del Padre, que había corrido cada año durante 5 años, esta vez no lo corrí. Irónico, siendo que este año me estrené como padre. No obstante, tomé todo ese asunto con calma y pensé que en agosto o septiembre podría estar listo para el maratón de la ciudad de México, o al menos para el medio maratón.
Elegí el medio maratón porque, evidentemente, no tenía (y sigo sin tener) el tiempo necesario para el entrenamiento de maratón. Trabajo 10 horas al día y entre mayo y julio presenté los exámenes para acreditar mi licenciatura. Además, claro, de que la vida en casa demanda mucho tiempo, mismo que entrego con verdadero gusto. Ver crecer a un bebé es algo maravilloso y es algo que no se repite. Hay que estar ahí y dedicar el tiempo necesario para disfrutarlo.
Por todo esto, el medio maratón que acabo de correr fue especial. No entrené demasiado y la única carrera larga que hice fue de unos 18 kms, una semana antes del medio maratón. Pero eso fue suficiente para sentir confianza y entusiasmo. Comprobé que mis músculos estaban recuperados y fuertes. Sentí, de nuevo, la fortaleza emocional para aguantar la distancia y sentí, también, las ganas de competir, las ganas de correr. Ocurre también que he corrido esa misma ruta muchas veces, y me parece realmente estupenda. Algo que disfruto muchísimo es atestiguar los cambios que, entre una carrera y otra, ha sufrido la geografía urbana. Una ciudad como la nuestra está en constate cambio y ello es más notorio en avenidas de gran afluencia y peso económico y social, justo como algunas de las que recorren el maratón y el medio maratón. Avenida Juárez e Insurgentes son las que nunca dejarán de sorprenderme ¡todo el tiempo están cambiando!
Llegué muy emocionado a la carrera y también muy tarde. Por tanto, me tocó avanzar los primeros kilómetros en la parte apretada del contingente. Eso se resolvió tan pronto como nos incorporamos a Revolución. Como las anteriores veces, sentí que el regreso por Insurgentes era también apretado y caluroso. Además nos tocó una mañana bastante despejada. Cuando ya íbamos por Reforma en dirección a Avenida Juárez me pareció que el sol era implacable, y sentí preocupación por los corredores de maratón que en esos momentos se estuvieran enfrentando, bajo esas condiciones, a los kilómetros más difíciles. Recordé mi propia experiencia corriendo maratón y, en efecto, el calor ya cercano a las 11 del día no ayuda nada cuando tu cuerpo trae atrás 3 horas de esfuerzo constante. Justo a esa altura conversé un poco con otro corredor (me gusta mucho intercambiar impresiones, hacer algunas preguntas y al final participar de frases mutuas de buenos ánimos) quien, en algún momento, me dijo "tú te ves muy fresco". Entonces tuve motivación suficiente para apretar el paso desde ahí hasta la meta (los últimos 3 kilómetros, quizá).
Terminé la carrera en 1:45:08. Es un tiempo que se encuentra 5 minutos lejos de mi mejor marca, pero considerando las condiciones, me parece que fue lo suficientemente bueno para sentirme satisfecho. Principalmente, logré sentir mi regreso oficial a correr, y el runner's blue se desvaneció por completo. Corrí a un paso de 4:58 por minuto, un paso en el que, si bien, el esfuerzo está presente y es constante, aún se encuentra dentro de lo cómodo. A ese paso he corrido casi siempre desde que comencé a correr, hace 6 años.
Este momento de mi vida en el que dedicar tiempo a la carrera larga es realmente complicado (y es que, en verdad, quiero estar con mi mujer y viendo crecer a nuestro bebé), sea quizá el más adecuado para trabajar en mejorar mis tiempos para las carreras de 10 y 21 kms. Quizá es momento de salir de mi zona de confort y bajar esos 4:58 por minuto. Quizá es momento de llevar mi esfuerzo a otro nivel. Me encantaría correr medio maratón en menos de 1:39:00. En octubre correré de nuevo 21 kms dentro del Maratón de la Riviera Maya (de pasada Alina, Nicolás y yo pasaremos unos días en Playa del Carmen, disfrutando de nuestras primeras vacaciones). Quiero pensar que esa será la carrera en la cual romperé mi marca y haré mi mejor tiempo para Medio Maratón.Creo que lo dije al inicio pero vale la pena repetirlo: me encanta correr medio maratón.
Aquí se encuentra mi Reconocimiento de Participación
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martes, 18 de septiembre de 2012
lunes, 9 de julio de 2012
Competir
Este fin de semana volví a correr, tanto el sábado como el domingo. Seis kilómetros cada día. Apenas el jueves había corrido la misma distancia. Por tanto, fueron 18 los kilómetros que acumulé en una semana. Son insignificantes si se comparan con los necesarios para un entrenamiento de maratón (yo mismo he corrido 40 y más kilómetros cada semana durante muchas semanas continuas), pero por ahora me hacen sentir que ya estoy de vuelta, que ir a correr es de nuevo una actividad cotidiana. Al parecer mis piernas comienzan a retomar fuerza, y respecto a lo cardiovascular, creo que nunca he perdido del todo la condición. Si me sacudo el sueño y las actividades de la mañana las realizo sin rodeos, puedo correr 4 o hasta 5 días por semana y así estar listo para correr medio maratón el 02 de septiembre.
Mi entusiasmo deportivo estuvo alimentado por los encuentros finales del torneo de Wimbledon. El sábado vi ganar a Serena Williams, quien fue rotundamente más fuerte, más rápida y más decidida que su rival (aunque la chica de Polonia siguió jugando con todo el arrojo). El domingo vi ganar a Roger Federer frente a Andy Murray. He de decir que nunca he sido fan de Roger aunque reconozco que es un estupendo atleta y que cuenta con los rasgos necesarios para ser el número uno indiscutible: determinación, perseverancia, templanza, confianza. No afloja el ritmo cuando va arriba. No se deja intimidar ni diminuye su empeño cuando va abajo. Al contrario, siempre sabe sacar la casta.
Cuando digo que nunca he sido su fan, es porque, a pesar de tantas virtudes lo encuentro falto de pasión, y creo que me gustaría ver, en un atleta de su tamaño, señales de pasión más a menudo. Nadal las tiene siempre, he incluso le sobran. Nadal es físicamente un atleta en mejor forma, pero Federer tiene un temperamento más apto para manejar tanto el fracaso como el éxito. Al escribir esto me doy cuenta de que mi petición es un contrasentido. Quisiera que Federer fuera más temperamental, pero si lo fuera, no sería tan grande ni capaz como es. Perdóname Roger, en la elección de héroes siempre juega un papel más importante lo emocional, y Nadal me cae mucho mejor (y mejor aún me caía Pete Sampras, pero ahora no viene el caso hablar de él)
En fin, que Federer hizo gala de sus habilidades psicológicas y desde luego físicas para ganar 3 sets seguidos, habiendo perdido el primero. Murray hizo su parte (equivocada) para que Federer ganara: se enojó mucho y de verdad el que se enoja, pierde.
Cuando vemos competir a atletas de este nivel, nos damos cuenta de que clave del éxito no está tanto en las habilidades físicas (es condición indispensable que todo jugador esté en las mejores condiciones físicas, eso ya se sabe) sino en las mentales-emocionales. Ya dije que Federer sabe mantener la cordura, el paso y la firmeza aún en los momentos más difíciles. De pronto mientras transcurría el juego, he pensado de nuevo en lo maravilloso que sería contar con una mayor cultura del deporte. Al margen de todos los beneficios físicos que conlleva, el deporte enseña a competir, permite ensayar a manera de juego esas virtudes tan útiles en la vida real. Perseverancia, templanza, resistencia a la frustración, decisión, largo etcétera. Pensando de nuevo en mi afición a correr, encuentro que me ha permitido encontrar y fomentar aspectos de mí más acertados. Por ello extrañaba tanto ir a correr, extrañaba la persona que soy durante y después de correr. Una persona un poquito más competitiva, más paciente y más decidida; una persona un poquito mejor, o al menos eso me gusta pensar.
De verdad, ojalá que a todos nos enseñaran a disfrutar del deporte y nos permitieran aprender a competir. A los mexicanos nos hace mucha, pero mucha falta.
Mi entusiasmo deportivo estuvo alimentado por los encuentros finales del torneo de Wimbledon. El sábado vi ganar a Serena Williams, quien fue rotundamente más fuerte, más rápida y más decidida que su rival (aunque la chica de Polonia siguió jugando con todo el arrojo). El domingo vi ganar a Roger Federer frente a Andy Murray. He de decir que nunca he sido fan de Roger aunque reconozco que es un estupendo atleta y que cuenta con los rasgos necesarios para ser el número uno indiscutible: determinación, perseverancia, templanza, confianza. No afloja el ritmo cuando va arriba. No se deja intimidar ni diminuye su empeño cuando va abajo. Al contrario, siempre sabe sacar la casta.
Cuando digo que nunca he sido su fan, es porque, a pesar de tantas virtudes lo encuentro falto de pasión, y creo que me gustaría ver, en un atleta de su tamaño, señales de pasión más a menudo. Nadal las tiene siempre, he incluso le sobran. Nadal es físicamente un atleta en mejor forma, pero Federer tiene un temperamento más apto para manejar tanto el fracaso como el éxito. Al escribir esto me doy cuenta de que mi petición es un contrasentido. Quisiera que Federer fuera más temperamental, pero si lo fuera, no sería tan grande ni capaz como es. Perdóname Roger, en la elección de héroes siempre juega un papel más importante lo emocional, y Nadal me cae mucho mejor (y mejor aún me caía Pete Sampras, pero ahora no viene el caso hablar de él)
En fin, que Federer hizo gala de sus habilidades psicológicas y desde luego físicas para ganar 3 sets seguidos, habiendo perdido el primero. Murray hizo su parte (equivocada) para que Federer ganara: se enojó mucho y de verdad el que se enoja, pierde.
Cuando vemos competir a atletas de este nivel, nos damos cuenta de que clave del éxito no está tanto en las habilidades físicas (es condición indispensable que todo jugador esté en las mejores condiciones físicas, eso ya se sabe) sino en las mentales-emocionales. Ya dije que Federer sabe mantener la cordura, el paso y la firmeza aún en los momentos más difíciles. De pronto mientras transcurría el juego, he pensado de nuevo en lo maravilloso que sería contar con una mayor cultura del deporte. Al margen de todos los beneficios físicos que conlleva, el deporte enseña a competir, permite ensayar a manera de juego esas virtudes tan útiles en la vida real. Perseverancia, templanza, resistencia a la frustración, decisión, largo etcétera. Pensando de nuevo en mi afición a correr, encuentro que me ha permitido encontrar y fomentar aspectos de mí más acertados. Por ello extrañaba tanto ir a correr, extrañaba la persona que soy durante y después de correr. Una persona un poquito más competitiva, más paciente y más decidida; una persona un poquito mejor, o al menos eso me gusta pensar.
De verdad, ojalá que a todos nos enseñaran a disfrutar del deporte y nos permitieran aprender a competir. A los mexicanos nos hace mucha, pero mucha falta.
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